martes, 17 de septiembre de 2013

Borrando huellas

-¿No te parece que estás cometiendo una locura?

    Con la mirada perdida y la cabeza apoyada en la ventanilla, mis ojos no dejaban de capturar imágenes fugaces del paisaje que íbamos dejando atrás.

-¿Me has oido?- Mi madre tuvo que alzar la voz, por lo cual es más que evidente que no la estaba escuchando.
-Perdona mami, ¿Qué me decías?
    
     Hacía ya dos años que me había llevado a mi madre a mi casa y, aunque siempre terminábamos en desacuerdo, parejamente nos llevábamos bien, nos entendíamos y apoyábamos en todo.

- ¿Tú estás segura de lo que vas a hacer?
-Sí mami, muy segura, es algo que siempre he tenido en mente y, aunque los acontecimientos pasados me quitaran de algún modo la intención de realizar éste viaje...sigue siendo mi sueño...y lo quiero cumplir.

-¡Que tengan buen viaje!

Aquel taxista me recordaba a Vicente y,  creo que a mi madre también.

-Nos da tiempo de tomar un café.
-Ya sabes que yo solo tomo café en el desayuno. ¿Cuándo me has visto tú tomar café fuera del desayuno? - Me hacía gracia esa forma de fruncir el ceño tan especial y adorable de mi madre, aquello me hacía sonreir.
-¡Pues te tomas un zumito de piña!
-Sí, ¡Pa la niña!

      Era tan fácil hacerla reír,  por lo menos para mí lo era.
      El primer viaje que hacíamos juntas, fuera de España.
      Después de todo íbamos a viajar por un capricho mío,  mi madre fue arrastrada por mí.
      En la cola de seguridad me dió un vuelco al corazón,  de repente sentí como unos ojos se clavaban en mi nuca reclamando atención.  Me giré y solo era uno de los vigilantes. 
      Por un momento llegué a pensar que podría ser él,  que venía a retener me a impedir me realizar ese viaje, puesto que él sabía perfectamente lo que llegó a significar en su día.

-¿Qué te pasa mi niña?- Las madres y sus SUPERPODERES...
-Nada mami, un poco de nervios simplemente.

     Pasamos la cola de seguridad y nos dirigimos hacia la puerta de embarque.
     Aquel trayecto me pareció interminable,  no dejaba de pensar en todo, en aquellos años llenos de promesas, en las palabras llenas de esperanza y amor.  En cómo puede cambiarnos la vida de la noche a la mañana,  en cómo las decisiones que tomamos tienen su trascendencia,  en el dolor que me estaba ocasionando recordar  todo aquello.
    Pero sobretodo pensaba en el hombre que había dejado en casa, que aún oponiéndose a mi viaje, con todo y con eso había accedido, con una condición, la de llevarme conmigo a mi madre. El hecho de que me pusiera esa condición me hacía sonreír. 
¡Una condición bastante aceptable!

-Pasajeros con destino Mykonos dispongan se a realizar el barque. - Aquel mensaje por megafonia hizo que mi corazón se acelerase tanto como si de un mal presagio se tratara.
-Aún estamos a tiempo de darnos media vuelta... la cena la dejé hecha...
-No mami, quiero hacer esto.  Dame el DNI, así lo tenemos todo listo.

     Una vez dentro del avión, la duración del vuelo permitía echar una cabezadita, y a mí me daría tiempo de repasar mentalmente todo lo que tenía que hacer.               
     Cerré los ojos y automáticamente estaba deambulando por las calles de Mykonos, aquellas calles que tantas y tantas veces recorrí en sueños,  los mismos sueños que empezaron como "válvula de escape" de la realidad y pasaron a ser una forma de vida, un objetivo.

- Bienvenidos a la isla de Mykonos,  la temperatura es de 22º- La voz del capitán avisaba del aterrizaje.